La Cascada de los Humos vista y descrita por don Miguel de Unamuno en su libro "Los Arribes del Duero" (Notas de un viaje por la raya de Portugal)
Cuando don Miguel de Unamuno visitó La Ribera y sus arribes quedó fascinado de la Cascada del Uces y dejó escrita su descripción:
"Cuando se derretían las sombras invadiéndolo todo, dimos vista a la cascada de los Humos, entre Pereña y Masueco. Habíala visto en mi primer viaje a la Ribera en 1898. Entonces fuimos desde Masueco, por una deliciosa quebrada, festoneada de frutales, hasta avistar el agreste paisaje, en el tajo de un afluente del Duero. A un lado se alza, dominado la barranca un inmenso cuchillo de roca, y tras él se pierde la garganta del río. Vadeando éste y por un senderito de un empinado arribe, se da plena vista a la cascada.
Es singular la atracción del agua. Estañase uno las horas muertas mirándola fluir y oyéndola rumorear, dejándose ganar el espíritu por la sensación purísima que su constante curso nos produce. El agua es acaso lo que nos depara mejor imagen de la quietud en el movimiento, del reposo supremo que del concierto de las carreras de los seres todo surge. En un estanque duerme el agua espejando al cielo, pero con no menos pureza lo espeja en el cristal de un sosegado río, cuyas aguas, siempre distintas, ofrecen, sin embargo, la misma sobrehaz siempre. Y en la cascada misma, por donde se despeña bramando, preséntanos una vena compacta, una columna que acaba por parecer sólida. ¡Enorme fuerza la que, sin aparato alguno de ella, con la sencillez del coloso, despliega!
Hubiérame estado las horas muertas contemplando aquel inmenso chorro que salva un desnivel enorme del lecho de las aguas. Es una de las hermosas caídas de agua, ésta que puede verse entre aquellos adustos tajos. Divídese la cascada mayor en dos cuerpos, debido al saliente de la roca, y va a perderse en un remanso de donde surge el vapor de agua pulverizada por el golpe, que le ha valido al paraje el nombre de los Humos. Junto a la gran vena y resquicios de la roca anidan palomas que revolotean en torno del rugiente coloso líquido. Este va desgastando poco a poco el desnivel que lo engendra y seguro que cada año se achica la cascada, aunque sólo sea en un milímetro o fracción de él.¡Los siglos de siglos que habrá necesitado el agua para excavar tales tajos y reducir semejantes cascadas!".
Pozo de los Humos


